Lorena & Lennox Blog

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La verdad detrás de la foto: La realización de la depresión posparto

La verdad detrás de la foto: La realización de la depresión posparto

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“La depresión posparto hace que una mujer se sienta prisionera de algo oscuro y terrible, y es asustador…¡pero es probable que se sienta avergonzada de admitirlo porque no lo puede explicar!” - Judy Dippel (Traducción mía)

“La parte más dañina y aterradora de la depresión posparto es la falta de perspectiva y la falta de prioridad y entendimiento de lo que realmente es importante.” -Brooke Shields (Traducción mía)

 
La verdad detrás de la foto. La realización de la depresión posparto
 

        ¿Alguna vez has mirado una fotografía que te hace sentir invadido por un torbellino de emociones? La imagen de arriba es una de ellas; soy yo, Lorena, y mi niño de diez días, Lennox. La primera emoción que surge en mi es la nostalgia porque siento como si hubiese sido ayer que se tomó la foto, sin embargo, 17 meses después y este niño envuelto como un pequeño burrito precioso ahora se ha convertido en un niño chistoso, guapo y berrinchudo. Decir que el tiempo pasó volando sería quedarse corto. Yo me acuerdo que cuando recién había nacido, todo el mundo me decía “Disfrútalo mientras puedas, crecen tan rápido”. Este comentario me dejaba desorientada. ¿Rápido? Cómo es rápido la falta de sueño, la constante hediondez a vomito, el dolor de los senos, la limpieza interminable para los amigos y familiares quienes no podían resistir hacerme una visita, aunque en pocas semanas ni se acordarían que existiamos ni mi bebé ni yo. Rápido es la manera como yo caminaba empujando a mi recién nacido en su cochecito para que se calmara y por fin (quizás) dormir, cinco días después de mi cesárea. Rápido es cuan rápido aprendí a envolver a mi bebé como un burrito y mecerlo por una hora para que se durmiera – hasta que no más lo pusiera en la cuna se despertara. Rápido es como aprendí a meter cosas velozmente en armarios y cajones cuando llegaban las visitas. Rápido eran las pocas horas que dormía cada noche. Rápido era cuan rápido regresó Carlos (mi novio) a trabajar, dejándome con la completa responsabilidad de esta pequeña criaturita. Al reflexionar sobre los últimos 17 meses, no tengo ni la menor idea adonde se fue el tiempo. 

         Después de ver la imagen y sentir la nostalgia al querer de vuelta mi bebé burrito, surgió la segunda emoción; una tristeza inmensa. Esta tristeza proviene de dos lugares- la tristeza que yo sentía cuando se tomó esta foto y la tristeza que siento ahora. El dolor que ahora siento proviene de mi conocimiento de la maternidad y como quisiera yo, la madre que ahora soy, volver hacia atrás y explicar a esa madre en la imagen que ella lo está haciendo todo mal. Esto lo guardaré para un futuro blog. La segunda tristeza proviene del día 18 de junio del 2017, mientras yo sentada en un sofá miraba a Teresa Robertson, una fotógrafa talentosa, sacar fotos de mi bebé pequeñín y hermoso. Me recuerdo que yo me sentía tan culpable de sentirme tan aliviada por no estar chineando a mi bebé. Lennox lo hizo increíble, durmió casi toda la sesión fotográfica. Teresa no me dejaba de destacar lo bueno que Lennox se estaba portando. Al final de la sesión fotográfica yo me acuerdo que Teresa estaba casi con lágrimas en los ojos mientras hablaba de Lennox. Me dijo que el niño estaba tan relajado que ella podía sentir que él estaba siendo amado. Para Carlos, ser papa es innato, quizás porque cuidó a la mitad de sus 17 sobrinos (sí, 17).  Yo, en cambio, estaba siendo una buena actriz. Teresa nos contó que en su experiencia como fotógrafa de bebés recién nacidos, los bebes no eran tan tranquilos, especialmente los de nuevos padres. Dijo que a veces ella podía sentir la tensión de algunas familias nuevas y esa tensión se reflejaba en el bebé. Yo recuerdo que quería llorar. ¿Ella no podía estar hablando de mi hijo verdad? Sus palabras me empezaron a derrumbar y mientras mas hablábamos, más difícil era para mi forzar una sonrisa. Yo estaba usando un extraordinario esfuerzo para esconder mis sentimientos de ella- y de mí misma- pero yo me daba cuenta que ella podía ver la tristeza en mis ojos.

         Salimos del estudio de Teresa y cuando llegué a la casa empecé a llorar. Carlos ya se había acostumbrado a mis llantos y eso me hacía sentir culpable. Yo tenía un niño hermoso y sano, ¡por el amor de Dios! ¿Por qué carajos estaba llorando? Yo culpaba a los Baby Blues: un leve episodio de depresión postparto que puede durar unas horas o desaparecer entre 10 y 15 días. Yo me acuerdo que un día, mi papá me vino a visitar e intenté contarle lo que me estaba sucediendo. Me dijo que yo necesitaba ser más fuerte, que todas las mujeres pasan por algo parecido y que necesitaba estar contenta de que tenía yo un bebé feliz y sano. Me habló de su novia en ese tiempo, quien tenía un hijo adulto con una enfermedad poco común, y que yo no debía de ser tan egoísta considerando que mi niño era perfecto. Esto me causó más tristeza. ¿Cómo podía yo estar tan triste en esta nueva etapa de mi vida?

    No fue hasta el chequeo de dos semanas del ginecólogo para examinar mi incisión de la cesárea, que me di cuenta de la gravedad de mi tristeza, y para ser honesta, tristeza no definía realmente lo que yo estaba sintiendo. Me sentía miserable, desconectada, y empecé a tener pensamientos oscuros y me daba vergüenza admitirlo. Después de que me examinaron la incisión, la ginecóloga me sentó y me preguntó como estaba. Perdí el control. No podía contener mi llanto y la ginecóloga me escuchaba y tocaba mi hombro. Ya cuando por fin me controlé, le dije que pensé que estaba pasando por un caso agudo de los baby blues debido al cambio de hormonas y la falta de dormir. Me respondió que podía ser, pero probablemente no porque los baby blues no duran más de 2 semanas y yo ya iba en la tercera; ella estaba preocupada de que lo que me estaba pasando era algo más: Depresión Posparto. Me entregó una carpeta con información sobre la PPD, me recetó 25 mg de Zoloft y me dijo que quería volver a verme en dos semanas para ver como me estaba sintiendo.

       Llegué a la casa y empecé a investigar más a profundidad la PPD. Cuando empecé a comprender mi diagnóstico, inmediatamente empecé a sentir como que una carga se levantaba de mis hombros. Yo no era una madre horrible y no estaba sola en mi sentir. De hecho, 1 de cada 7 mujeres experimentan este sentimiento profundo y oscuro. Mientras transcurrían los días y yo llegué a esta conclusión, mis caminatas rápidas empezaron a ser más lentas, mi experiencia con la lactancia se hizo más llevadera y por primera vez, tuve ganas de estar cerca de mi niño. Le empecé a cantar, y a sonreír con él cuando nos desvelaba en la noche. Mi relación con Carlos empezó a volver a la normalidad ya que no me sentía tan inútil. Mi resentimiento hacia mis amigos sin hijos empezó a desaparecer. Empecé a aceptar que me vida había cambiado y yo quería aprovecharla al máximo.

            A mediados de julio, Teresa me llamó para decirme que ya estaban listas las fotografías de Lennox. Yo estaba emocionada de volver a verla esta vez en un estado iluminado. Después de mostrarme las fotografías, me preguntó que como estaba y le dije abiertamente que yo estaba recibiendo tratamiento para PPD. Ella me respondió que ella también había tenido PPD con su primer hijo. Platicamos un rato sobre el asunto. Se sentía TAN bien hablar sobre PPD y tener con quien hablar. Fue en ese momento que decidí que quería ser abierta y honesta sobre el PPD con todos que quisieran escuchar. Este año, muchas de mis amigas se han embarazado o han tenido sus bebés y trato de siempre tomar el tiempo de hablar con ellas sobre mi experiencia. Mi intención no es asustarlas sino ofrecerles una perspectiva de lo que podría ser. 

            Gracias por dejarme compartir mi historia. Escribiendo esto me llenó los ojos de lágrimas al recordar el miedo que yo sentí durante las primeras semanas de mi maternidad, pero me honra poder hablar de un tema tan tabú. Hoy día, soy la mama de un niño de 17 meses y aún lucho con momentos de PPD. No obstante, ahora sé como controlar esos momentos y no dejar que me lleven a un estado de depresión. Quiero darles la bienvenida a todos los que quieran compartir su historia conmigo o simplemente hablar conmigo. No duden en contactarme, mi correo electrónico es Motherhoodunfiltered@lorenaylennox.com. Lo mejor que uno puede hacer para combatir PPD es tener a alguien que escuche y una red de apoyo.  Invito también a los hombres que sufren el PPD de su pareja, sin saber como ayudar, a que formen parte de este blog para que ustedes, los hombres, también reciban el apoyo que necesitan en esta etapa tan importante como pareja y como padres.

 
 
No dejes que te digan que la depresión posparto no existe. Sí existe! Lee mi historia personal aquí.
 

Teresa Robertson Photography:

http://robertsoncophoto.com

 
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